Ya me olvidé de tu rostro, ese que me miraba mientras dormía y me sonreía al despertar. Ya no lo recuerdo. Del lunar que estaba a la derecha, casi casi a la altura de la boca. De tus ojos, pequeños, con un brillo especial. Lo olvidé todo.
Ya olvidé tu perfume con aroma dulce y suave. Ya no lo siento en las ropa que me regalaste. Es más, ya me olvidé de esos regalos.
Ya olvidé como me decías, los apodos que inventabas tan tiernos como graciosos.
Ya olvidé casi por completo esos días que te esperaba a que regreses de trabajar para sorprenderte y besarte en la puerta. Ya no recuerdo la angustia ni los nervios previos a que llegues.
Olvidé tus tics, tus mañas, tus formas. Tu tono, tu voz, tu risa. Sobre todo, olvidé tus lágrimas. (más…)














