Hoy me desperté transpirado en mi cama, boca arriba. Logré enfocar el techo, y viendo la lámpara, me repetí: “Te odio, te odio, te odio”.
Mientras me vestía, no pensaba. No recordaba que habia soñado, pero esas dos palabras giraban en mi cabeza.
Ya en el baño y mientras cepillaba ferozmente mis dientes, miraba el cruel reflejo de mi soledad en el espejo. Acompañado de mis movimientos frenéticos, repetía en mi cabeza: “Te odio, te odio, te odio”.
Salí a la calle a despejarme, a caminar. A veces, cuando me siento solo, me engaña el ir caminando con gente que no conozco y pensar que son amigos, parientes, novias que me acompañan.
Al ver el reflejo cansado de mi cuerpo en una vidriera, logro notar la cruda noche anterior. El alcohol y el cigarrillo se hacen evidentes y completan este retrato, cual pintura de Henry de Toulouse-Lautrec, unas ojeras pronunciadas y un desprolijo peinado. Me acomodo un poco el pelo y repito en voz baja: “Te odio, te odio, te odio”.
Al doblar la esquina, estabas vos. Parada con un pié cruzado sobre el otro. Muy bien vestida y pintada. El sol reflejaba en tus cabellos la alegría que alguna vez supe compartir con vos.
Me acerqué, y luego de un “hola” avergonzado, comencé diciendo:
-Tenía que verte. Algo me ronda la cabeza y tengo que decírtelo.
-Te escucho -contestaste, totalmente despreocupada.
-Bueno, yo… -junté aire y mirando al cielo comencé a bajar la vista- yo… -me perdí en tus ojos que me miraban distantes y como sin importancia.
-¿Vos? -acusaste rápidamente.
-Yo… Te amo, te amo, te amo.
Lo último que recuerdo es que te diste vuelta y te retiraste, sin emitir frase, palabra, monosílabo, sonido o seña alguna.
Volviendo para mi casa seguí pensando lo tanto que practiqué, durante todo este tiempo sin vos lo que tenía que decir, y terminé diciendo lo que sentía.
A veces, por más práctica o puesta en escena que haga, los sentimientos que tengo superan el momento y dominan la situación, acabando en un acto patético de humillación humana.
Al llegar a mi casa y, luego de acostarme en el sillón viejo y con olor a abandono, comencé a practicar nuevamente: “Te odio, te odio, te odio”.
Aioz.-