La Depresión del Payaso

abril 7, 2009

Amor de escuela

Hoy me acordé de ella. No se si será por el día de lluvia que pasó, o por el olor a jazmín de la plaza, pero volvieron esos recuerdos de amores de escuela. Aquellos que nos enseñan nuestras primeras vergüenzas, a dar pasos gigantes para avanzar pocos metros, que nos abren nuestras primeras heridas y nos dan una primer idea de lo que es un duelo.

Tan nítido como sus ojos al mirarme fueron esos recuerdos, que terminé confundido, en una especie de realidad y sueño, vivencia y recuerdo. Hasta creí oir su voz diciéndome: -ahí voy, aguantame.

Yo la solía esperar en la casa de enfrente a su escuela. Esas casas de patio frontal con un muro bajo, comunmente usado de banquillo por los estudiantes, con un respaldo de ligustros prolijamente cortados por su dueña: La querida “Chola”. En aquel entonces yo ya fumaba, y ella solía salir a los gritos: -no me ensucies el jardín -acompañandolos con un cenicero hecho por su sobrino. (más…)

agosto 7, 2008

Lo que me gusta de vos

-¿Qué te gusta de mí? -preguntaste intrigada, con tono dulce.
¿Qué hubiese pasado si contestaba velozmente sin quedarme pensativo como lo hice?.
Es que me puse a pensar lo que me gusta de vos, y realmente, es más fácil encontrar lo que no me gusta de vos.
No me gusta, por ejemplo, que te vayas en la mañana, porque siento un abandono intolerable.
No me gusta que sospeches que hoy te quiero menos que ayer, porque significaría que fracasé para lo que vivo.
No me gusta que no sepas de lo que soy capaz de hacer, con tal de reconfortarte.
No me gusta que llores, que estés triste, que te sientas dueña de una vida sin sentido.

Ante tu enojo por mi tardía respuesta, subiste la apuesta: -¿Te gusto?.
Tu pregunta calló como un balde de agua fría sobre mi mente divagante. Todo pensamiento que rondaba mi cabeza se congeló por un par de minutos.
Ya más calmo, tomé el aire necesario y contesté:
-¿Realmente?. No, no me gustás.
No pude evitar ver tu rostro pasar de una intriga ingenua a una tristeza decepcionante.
Finalmente, y sin darme tiempo a nada, te levantaste y te fuiste, golpeando la puerta para tapar el fino quejido de un llanto que me pertenece. (más…)

marzo 31, 2008

Te Odio, te Odio, te Odio

Filed under: amor,reflexion,tristeza — Etiquetas: , , , , , — Javier @ 01:19

Hoy me desperté transpirado en mi cama, boca arriba. Logré enfocar el techo, y viendo la lámpara, me repetí: “Te odio, te odio, te odio”.
Mientras me vestía, no pensaba. No recordaba que habia soñado, pero esas dos palabras giraban en mi cabeza.
Ya en el baño y mientras cepillaba ferozmente mis dientes, miraba el cruel reflejo de mi soledad en el espejo. Acompañado de mis movimientos frenéticos, repetía en mi cabeza: “Te odio, te odio, te odio”.
Salí a la calle a despejarme, a caminar. A veces, cuando me siento solo, me engaña el ir caminando con gente que no conozco y pensar que son amigos, parientes, novias que me acompañan.
Al ver el reflejo cansado de mi cuerpo en una vidriera, logro notar la cruda noche anterior. El alcohol y el cigarrillo se hacen evidentes y completan este retrato, cual pintura de Henry de Toulouse-Lautrec, unas ojeras pronunciadas y un desprolijo peinado. Me acomodo un poco el pelo y repito en voz baja: “Te odio, te odio, te odio”.
Al doblar la esquina, estabas vos. Parada con un pié cruzado sobre el otro. Muy bien vestida y pintada. El sol reflejaba en tus cabellos la alegría que alguna vez supe compartir con vos.
Me acerqué, y luego de un “hola” avergonzado, comencé diciendo:
-Tenía que verte. Algo me ronda la cabeza y tengo que decírtelo.
-Te escucho -contestaste, totalmente despreocupada.
-Bueno, yo… -junté aire y mirando al cielo comencé a bajar la vista- yo… -me perdí en tus ojos que me miraban distantes y como sin importancia.
-¿Vos? -acusaste rápidamente.
-Yo… Te amo, te amo, te amo.
Lo último que recuerdo es que te diste vuelta y te retiraste, sin emitir frase, palabra, monosílabo, sonido o seña alguna.
Volviendo para mi casa seguí pensando lo tanto que practiqué, durante todo este tiempo sin vos lo que tenía que decir, y terminé diciendo lo que sentía.
A veces, por más práctica o puesta en escena que haga, los sentimientos que tengo superan el momento y dominan la situación, acabando en un acto patético de humillación humana.
Al llegar a mi casa y, luego de acostarme en el sillón viejo y con olor a abandono, comencé a practicar nuevamente: “Te odio, te odio, te odio”.

Aioz.-

Powered by WordPress