La Depresión del Payaso

agosto 22, 2010

No sé cómo pedirte perdón

Hoy me levanté enojado conmigo mismo. Es que ayer peleé con ella. Pero no es sólo eso el motivo de mi enojo matutino, sino que esta vez ella, además, tenía razón.

Cada palabra que ella soltaba de su boca tenía un fundamento y un sustento que hacía que yo sólo pueda resignarme a asentir con la cabeza.
Es que cuando arruino algo, lo hago en grande, pero lo peor de todo es que me genera impotencia. Impotencia de pensar que al final todo lo que logro hacer bien, se vea opacado por un error, gravísimo, pero error al fin que todos podemos cometer. Y en ese momento no importa el tiempo, ni los buenos momentos y recuerdos. Importa sólo “eso”.

Al escuchar sus palabras, sus preguntas, sus cuestionamientos, me hundía más y más en mi desprecio. Me sentí repugnante, me odié como nunca antes lo había hecho. Estaba sucio, demasiado, y merecía este maltrato. (más…)

abril 7, 2009

Amor de escuela

Hoy me acordé de ella. No se si será por el día de lluvia que pasó, o por el olor a jazmín de la plaza, pero volvieron esos recuerdos de amores de escuela. Aquellos que nos enseñan nuestras primeras vergüenzas, a dar pasos gigantes para avanzar pocos metros, que nos abren nuestras primeras heridas y nos dan una primer idea de lo que es un duelo.

Tan nítido como sus ojos al mirarme fueron esos recuerdos, que terminé confundido, en una especie de realidad y sueño, vivencia y recuerdo. Hasta creí oir su voz diciéndome: -ahí voy, aguantame.

Yo la solía esperar en la casa de enfrente a su escuela. Esas casas de patio frontal con un muro bajo, comunmente usado de banquillo por los estudiantes, con un respaldo de ligustros prolijamente cortados por su dueña: La querida “Chola”. En aquel entonces yo ya fumaba, y ella solía salir a los gritos: -no me ensucies el jardín -acompañandolos con un cenicero hecho por su sobrino. (más…)

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