La Depresión del Payaso

abril 22, 2008

Esa envidia que me mata

Filed under: amor,querer,tristeza — Etiquetas: , , , , , , , , — Javier @ 09:03

Aún hoy puedo recordar esos días en que, recostados en tu cama, te robé esta cinta roja que hoy envuelve mi muñeca derecha. -Para la envidia -recuerdo que dije, y me la até con siete nudos por temor a perderla.
Éramos felices. Yo, era feliz. Pero claro, cuando caminábamos por la calle yo sabía que no me envidiaban nada. Vos no eras una super modelo, yo no era un galán de telenovelas… ¡¿Qué nos iban a envidiar?!
Pero ellos no sabían lo feliz que éramos. Ellos no sabían que al besarme ponías mis piernas a temblar, que al hacer el amor mi corazón latía que corría el riesgo de salir de mi pecho y empezar a rebotar por todo tu cuarto. No sabían que cuando me acariciabas, perdía el aire por dos segundos de un suspiro y que cada día, el irme de tu casa era un tormento por pensar que quizás, por desgracias del destino, yo no volviera o vos no estuvieras allí para cuando vuelva.
Ellos no lo sabían, no sabían que mi vida era perfecta con vos a mi lado. Que vos generabas un mundo de envidia que yo creía que los demás tenían hacia nosotros. Pero ellos no sabían nada…

Hoy te ví pasar de la mano de tu ex, y pude ver, de reojo, una cinta roja atada en tu muñeca derecha. Y si, sentí envidia. Sentí envidia porque yo sabía de tus besos, yo sabía de tus caricias, yo lo sabía todo.
Y ahora miro en mi mano esta cinta roja y solo puedo pensar una cosa: ¿Quién envidiará tus besos, quién envidiará tus caricias, quién envidiará el hacer el amor con vos? Y esta cinta me contesta a cada pregunta: -Vos. Vos Javier, vos.

Aioz.-

marzo 19, 2008

¿Por Qué Lloramos?

Filed under: querer,reflexion,tristeza — Etiquetas: , , , , , , , , , , — Javier @ 02:30

Hoy me recosté junto a la soledad de mi cuarto sintiendo el eco vago de mi cuerpo al hacer contaco con las viejas frazadas, aquellas que aún hoy guardan tu aroma y que supongo que por eso, no me compro nuevas. Esas frazadas que elegimos juntos y conservan ese agujero hecho por tu descuido con el cigarrillo, o tu firma con lapicera con nuestros nombres: Esta mitad para vos, esta para mi -decías entre risas, mientras, de nervios, deshilachabas la funda de la almohada.
Recordé, por que si bien no tengo buena memoria, mis días con vos, o junto a vos, me son difíciles de olvidar y por más que quiera e intente es como luchar contra no enamorarse, es en vano.
Recordé, decía, aquellos días que pasamos juntos soportando, abrazados en la cama, el duro invierno, y no pude aguantarme. Sentí mis ojos cristalizados por el nacimiento de, lo que los románticos y sensibles llaman: lágrimas.
Froté mis ojos contra la dura almohada, aquella almohada que tuvo la suerte de sentir tu cara avergonzada ocultarse sobre ella. Traté de calmarme, pero ya era algo imparable.
Entonces pensé: “¿Por qué lloramos?”
Comencé ahí a reflexionar y, entre lágrimas cada vez más acentuadas, llegué a la conclusión en mi cabeza que el llanto, es una manifestación de todo lo malo que nos pasa o pasó en algún momento. Cada gota, cada lágrima, es en sí, algo que alguna vez callamos. Es algo que en su momento, nos hizo doler el estómago, sentirnos desganados, esa vez que insultamos para nuestro adentro del odio que guardamos de que las cosas salgan mal.
Y cada evento, lo reprimimos llenando de lágrimas, una laguna interna, que cuando la cargamos demasiado, opta por rebosar y nos quebramos en un llanto, y la alarma para avisar de tal desborde, es el gimoteo, el grito acalorado que nos explota de la boca.
Cuando quise darme cuenta, estaba empapado en lágrimas, congestionado y gritando “¿Por qué? ¿Por qué a mi?”

Al volver en mi, me di cuenta:
Lloramos, porque llegó el día de vaciar la laguna, para luego empezar a llenarla nuevamente.
Es difícil que se vacíe por completo, pero ese día tiene que llegar.
Aunque me dí cuenta que unas gotas quedaron. Algo, quedó en mi, que me es imposible de olvidar. Y ese algo, es tu cara avergonzada apoyada sobre mi almohada, esa almohada que ahora seca mis lágrimas, tapa mi llanto y me hace pensar: “¿Por qué? ¿Por qué a mi?”

Aioz.-

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