Hoy salí a correr, no por necesidad, ni por costumbre, mucho menos por ganar resistencia física o bajar unos kilos. No. La idea es escapar. Escapar a tu recuerdo. Escapar a la continua lucha en mi cama de aquellos momentos que me son difíciles de olvidar, y aún duelen dejándome la respiración entrecortada de tan sólo pensar en tu mirada, en tu voz, en tu imagen recostada diciéndome “soy feliz”. En definitiva, me lastima el hecho de pensar simplemente en vos.
Cada paso que doy, golpea al piso como mis lágrimas a mi almohada, en esas noches que, acompañado por un silencio criminal, imagino que estás ahí, a mi lado, el lado izquierdo que tanto te gustaba de la cama.
En cada uno de esos pasos, intento olvidar tu cara, cerrando los ojos, con esfuerzo. El viento me golpea y me dieten la marcha… Aunque pensándolo bien, no se si es el viento o mis deseos, mis deseos de no continuar este castigo llamado olvido.
Y me doy cuenta que es inevitable borrarte de mi memoria, porque mientras más intento olivdarte me vienen muchos recuerdos, algunos lejanos y olvidados ya, y termino siendo el único imbécil que corre lentamente con los ojos cargados de lágrimas, dando lástima, dándome lástima.
Ya no sé cómo hacerlo, ya no encuentro solución a tu recuerdo. Me resulta inevitable olvidarte, y eso hace que cada día duela más. (más…)
junio 5, 2008
Escapando a lo inevitable, tu recuerdo
marzo 19, 2008
¿Por Qué Lloramos?
Hoy me recosté junto a la soledad de mi cuarto sintiendo el eco vago de mi cuerpo al hacer contaco con las viejas frazadas, aquellas que aún hoy guardan tu aroma y que supongo que por eso, no me compro nuevas. Esas frazadas que elegimos juntos y conservan ese agujero hecho por tu descuido con el cigarrillo, o tu firma con lapicera con nuestros nombres: Esta mitad para vos, esta para mi -decías entre risas, mientras, de nervios, deshilachabas la funda de la almohada.
Recordé, por que si bien no tengo buena memoria, mis días con vos, o junto a vos, me son difíciles de olvidar y por más que quiera e intente es como luchar contra no enamorarse, es en vano.
Recordé, decía, aquellos días que pasamos juntos soportando, abrazados en la cama, el duro invierno, y no pude aguantarme. Sentí mis ojos cristalizados por el nacimiento de, lo que los románticos y sensibles llaman: lágrimas.
Froté mis ojos contra la dura almohada, aquella almohada que tuvo la suerte de sentir tu cara avergonzada ocultarse sobre ella. Traté de calmarme, pero ya era algo imparable.
Entonces pensé: “¿Por qué lloramos?”
Comencé ahí a reflexionar y, entre lágrimas cada vez más acentuadas, llegué a la conclusión en mi cabeza que el llanto, es una manifestación de todo lo malo que nos pasa o pasó en algún momento. Cada gota, cada lágrima, es en sí, algo que alguna vez callamos. Es algo que en su momento, nos hizo doler el estómago, sentirnos desganados, esa vez que insultamos para nuestro adentro del odio que guardamos de que las cosas salgan mal.
Y cada evento, lo reprimimos llenando de lágrimas, una laguna interna, que cuando la cargamos demasiado, opta por rebosar y nos quebramos en un llanto, y la alarma para avisar de tal desborde, es el gimoteo, el grito acalorado que nos explota de la boca.
Cuando quise darme cuenta, estaba empapado en lágrimas, congestionado y gritando “¿Por qué? ¿Por qué a mi?”
Al volver en mi, me di cuenta:
Lloramos, porque llegó el día de vaciar la laguna, para luego empezar a llenarla nuevamente.
Es difícil que se vacíe por completo, pero ese día tiene que llegar.
Aunque me dí cuenta que unas gotas quedaron. Algo, quedó en mi, que me es imposible de olvidar. Y ese algo, es tu cara avergonzada apoyada sobre mi almohada, esa almohada que ahora seca mis lágrimas, tapa mi llanto y me hace pensar: “¿Por qué? ¿Por qué a mi?”
Aioz.-














