Dije que nunca te perdonaría lo que me hiciste, lo que me heriste. Lo recuerdo bien, porque lo llevo marcado en mi muñeca izquierda. Una marca que dejó el reloj del tiempo que perdí con vos porque decidiste separarte de mi cariño, de mi amor, de mi persona.
Lo dije, me lo dije en mi cabeza, a mis amigos, familiares y conocidos, y hasta a la gente que no debería, pero algo estaba claro, nunca te perdonaría todo aquello que hoy me duele cuando me despierto, con el primer rayo de sol que pega cruelmente en mi ventana, cuando amanezco dolido por empezar a vivir otro día más sin vos.
Nunca te lo perdonaría, el encontrarme solo tomando mates en el comedor pensando si fuí yo el que hizo mal las cosas y vos tenías razón, y esta separación es la justificación de mi falso intento de darte todo, cuando solo te daba más motivos para decidirte en dejar todo atrás y continuar tu camino.
Nunca te perdonaría el verte pasar con él, acompañándolo en su auto, aquel que robó lo poco que tenía y lo mucho que perdí. Imposible perdonarte.
Nunca te perdonaría el haberme dicho que todo acabó sin derecho a réplica u opinión, tomando una decisión unipartita, dejando la decisión de tu lado y el dolor de el mío.
Nunca te perdonaría que no hayas sido capaz de decírmelo a la cara, y te hayas ocultado temerosamente tras un celular, aquel que nos presentó por primera vez, aquel que aún hoy guarda ese momento del “no, yo te amo más”. El que con cada sonar, me hace correr veloz a atenderlo para ver si de una vez por todas me dice “no vas a sufrir más, ella va a volver”.
Y leo mis mensajes de texto, (más…)














